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«Si hoy no es obispo, ha sido por mi culpa» PDF Imprimir Correo electrónico
lunes, 09 mayo 2005

FUENTE: www.elcorreodigital.com

Teodoro Librero «odiaba a los curas». Para qué engañarse. Marchó de Bormujos para ser torero. Pero también porque «no soportaba tener que besar la mano a los capellanes cada vez que me los encontraba por la calle». Sin embargo, hoy besaría, no ya las manos, hasta los pies del padre Lezama. Es más, confiesa que «si no ha llegado a obispo, ha sido por mi culpa. A mucha gente con un 80% menos de inteligencia que él se lo han hecho».

Don Luis prefirió sacrificar su carrera en la Iglesia a cambio de que la hicieran en los ruedos sus «gamberros». En 1963, antes de montarle a 'El Bormujano' y los colegas que se le agregaron la Taberna del Alabardero, pero ya con espíritu negociante, les propuso un trato. «Nos convertiría en toreros o, si no valíamos, en otra cosa, a cambio de que aprendiéramos a leer y escribir. Y, coño, viendo que todas las partes del acuerdo me eran favorables, acepté».

Con 7.500 pesetas al mes, el sueldo del párroco de Chinchón no alcanzaba para saciar el hambre de aquellos quince muchachos dispuestos a comerse el mundo. Pero «no quería que trabajáramos. Así que se dedicó él a recorrer los pisos del barrio de Salamanca pidiendo revistas y periódicos viejos para venderlos al peso». Con la Vespa fue aún más lejos: hasta Sevilla, y con 'El Bormujano' y sus bártulos de matador agarrado a la espalda. Consiguió que toreara en todas las plazas de primera, incluidas Bilbao y Barcelona. Pero las cornadas le apartaron finalmente de los ruedos. El 'cura de los muletillas' le echó un capote: le puso al frente de la Taberna del Alabardero, donde permaneció hasta que, «cansado de ganar dinero y no tener tiempo de disfrutarlo», regresó al Guadalquivir.

Desde allí, casado, con tres hijosTeodoro Librero «odiaba a los curas». Para qué engañarse. Marchó de Bormujos para ser torero. Pero también porque «no soportaba tener que besar la mano a los capellanes cada vez que me los encontraba por la calle». Sin embargo, hoy besaría, no ya las manos, hasta los pies del padre Lezama. Es más, confiesa que «si no ha llegado a obispo, ha sido por mi culpa. A mucha gente con un 80% menos de inteligencia que él se lo han hecho».

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