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Reproducimos entrevista aparecida en ABC de Sevilla edición internet el día 10 09 2007 Juan Diego: «No le tengo ninguna simpatía al personaje de Don Juan Tenorio» 
Juan Diego ha vuelto temporalmente al teatro buscando un hueco en su enorme agenda laboral.
-¿Qué significa para usted volver a su ciudad y estrenar esta obra teatral con un equipo técnico que conoce tan bien y que está formado por profesionales como Pedro Álvarez Ossorio o el actor Roberto Quintana? -Independientemente del encuentro con Pedro y Roberto, estaba el proyecto del encuentro con la música que era lo más sugerente porque me aburre hacer un Tenorio de arriba a abajo. El componente musical era el aliciente mayor que tenía para encontrarme con un protagonista y con estos compañeros. Desde un principio buscamos el paralelismo entre el sentido musical de lo que se tocaba y lo que se decía. -¿Tenía alguna experiencia parecida con respecto a lo musical? -No, tan sólo en el Teatro de la Maestranza leí hace dos años unos textos de Goethe con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Allí no había interacción entre verso y sonido. Ha sido una gozada actuar con estos intérpretes porque la música se siente de forma diferente en escena a como se siente en el patio de butacas. La música es muy buen compañero de viaje para buscar los estados de ánimo porque cuando calla la música aparecen los silencios que están llenos de musicalidades. -¿Cómo ha sido el trabajo con Juan Carlos Rivera, director del conjunto Armoniosi Concerti? -Entre los dos surgió una empatía inmediata después del encuentro facilitado por Horacio L. Soler (autor de la idea del espectáculo y productor del mismo). A medida que pasaban los días se acrecentaba la empatía entre los músicos y los actores. -¿Qué supone para usted reencontrarse con el personaje de Don Juan Tenorio? ¿Qué le ha aportado a sus 64 años de edad? -Le he aportado la capacidad de reflexionar sobre lo pasado. También la posibilidad de cargar el verso de intención y jugar con el verso como si fuera un instrumento musical. He logrado emociones que no he conseguido en otro momento. No le tengo ninguna simpatía al personaje de Don Juan Tenorio porque me parece un pobre diablo y un canalla, además de ser un chavalito. Por eso quería hacer un Don Juan más reflexivo, y de ahí que me interesase sobre todo la parte del cementerio antes de su conversión y su salvación. En la obra se enfrentan la laicidad del texto de Espronceda frente a la asunción religiosa del infierno y la gloria de Zorrilla. -¿Y el reencuentro con Roberto Quintana? -Quiero darle las gracias a Roberto porque primero somos amigos y es un gran actor. Necesitábamos un soporte interesante y Roberto es un actor de gran calidad y de enorme generosidad a la hora de entregarse al trabajo. Además hemos contrapuesto nuestra forma de afrontar el verso. -¿Volverá a la escena tras esta obra o le tiene muy cogido el cine y la televisión? -Me tiene muy cogido mi hijo porque es muy chico y este verano no he estado con él absolutamente nada. Como tiene nueve años quiero estar con él el mayor tiempo posible. -Él no comprendería que se subiera por las noches a un escenario, ¿no es así? -No porque el teatro te exige movilizarte mucho y para hacer uno o dos bolos te exige irte desde el jueves hasta el domingo. Mi hijo está en el colegio y no me gusta separarme de él. En Madrid estoy a 25 ó 35 minutos del trabajo, de modo que cuando salgo de rodar en la televisión a las 20 horas, a las 20.30 horas ya lo puedo estar bañando. A ese gusto no voy a renunciar pase lo que pase. -¿Por qué se ha demonizado tanto el mundo de la televisión para los actores que provienen del cine y el teatro? -Los enfoques generales de las carreras llevadas a cualquier medio no sirven porque cada uno se plantea la profesión como quiere y como puede. Yo hice televisión con la condición de que se me permitiera hacer cine o teatro, si no, no hubiera firmado el contrato. Ellos no me han puesto problemas, por eso en dos años he hecho trece películas. -¿Creía a priori en el éxito de «Los hombres de Paco»? -Sí, lo creía porque a mí me gustaba mucho la biblia de la serie. El meterte en una comisaría tan celtibérica supone unas posibilidades tremendas. Se muestran las debilidades y las carencias de cada individuo, al igual que sus heroísmos. -¿No le da vértigo hacer trece películas en dos años? -Es una locura y no entiendes nada porque soy el mismo actor que en el 2005 y entonces estuve un año parado. De pronto empiezan a ofrecerte cosas e hice «El triunfo» y «Remake». Con «Vete de mí» me emocionó el Premio de la Unión de Actores. En esta profesión subes y bajas de golpe y eso me parece una injusticia. -¿Qué piensa sobre las voces que alarman sobre el estado del cine español? -En España se hacen al año seis películas cojonudas que se ven o no. Lo mismo pasa en otros países europeos. En Estados Unidos nos obligan a tragarnos 4.000 películas, pero hay sólo ocho o diez buenas. En el cine español hay que tomarse en serio la industria. Eso es una cuestión de Estado que no pueden resolverse de otro modo. En Francia el cine nacional se respeta porque es una cuestión de Estado, igual que la cultura.
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