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DIARIO DE SEVILLA EDICION INTERNET 23.05.2009 "Mi mujer es la persona que soporta todo este currículum" 
Tiene a su cargo 456 fábricas y 170.000 empleados en los 5 continentes. Invitado en Sevilla por la Fundación San Telmo, recuerda al padre emigrante que de Bormujos llegó hasta Suiza
DE emigrante a vicepresidente ejecutivo de Nestlé, compañía de la que José López Vargas (Andújar, 1952) ha sido responsable en Australia, Malasia y Japón. Bormujos es su universo sentimental: allí nacieron sus padres, allí, en la Feria del pueblo, conoció a Francisca, la madre de sus dos hijas. Esta semana contó su experiencia en la Fundación San Telmo. -Para sus padres, irse a Andújar tuvo que ser como para usted a Australia... -Pues eso de ir a por retos que no se encuentran alrededor de casa tiene que venir de familia. La primera carrocería de mi padre la tuvo en Valencia, después se trasladó a Andújar y cuando yo tenía unos meses se fue a Linares. Allí le arregló el guardabarros a un suizo que tuvo un accidente de tráfico, cuando vio cómo trabajaba mi padre le sugirió que fuera a Suiza. Tenía una buena escuela: la Hispano-Aviación de San Jacinto. -¿Cuál es su primer recuerdo de Suiza? -Todavía no había cumplido los diez años. Ser emigrante es una experiencia realmente difícil. Éramos vistos como personas extrañas. Siempre cuento que nunca me acuerdo de cuándo aprendí a hablar italiano. Mis primeros amiguitos en Suiza eran italianos, hijos de emigrantes como yo. -¿Cómo mantuvieron los vínculos con España? -Cada uno a su forma. La más directa, mi hermana Dolores, que es profesora de Literatura Española en las Universidades de Ginebra y Lausana. Es especialista en Borges y una vez me llevó a la casa de Ginebra donde vivió el escritor argentino. -¿Usted era de ciencias? -Y mi hermano Eladio, que ahora trabaja como ingeniero para una empresa alemana. -¿Hace patria en Bormujos? -Por supuesto. Todos los veranos sigo viendo a Curro y Simón, los hermanos de Juan Diego, que son de mi edad. En la Feria de Bormujos de 1973 conocí a la que sería mi mujer. La persona que tiene que soportar todo el currículum ése que tiene usted ahí. -Dice que usted ha vivido en siete países de cuatro continentes. Parece una mezcla del currículum de Marco Polo y de Juan Valdés... -Cuando Nestlé mira el mundo, lo divide en tres zonas: América, Europa y Asia, Oceanía y África. Yo he trabajado en las tres zonas, una cosa totalmente excepcional. Cuando entré en Nestlé, en todas las entrevistas decía que quería ir a América Latina. Pensaba que allí podía ser más útil que en otros sitios. Hice mal en decirlo. Tenía que haber dicho que quería ir a Asia. Acabo de volver de una viaje de trabajo por Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, Panamá y República Dominicana. -¿Los aviones son su segunda casa? -Aviones, helicópteros. Todo lo que ves por la tele, pues igual. -¿Qué le enseñó el emigrante al ejecutivo de la multinacional? -En Nestlé tenemos un proceso al que le llamamos la excelencia continua. Una filosofía que yo asumí cuando terminé la carrera y vi el mundo de los emigrantes españoles. Me daba mucha tristeza. Hablé con la embajada y monté una escuela a la que el primer año sólo se apuntaron seis estudiantes, incluido algún iletrado y un señor disléxico. Les enseñaba Matemáticas, Lengua, Gramática, Ortografía, Historia. Aprendí la experiencia enriquecedora de poder cambiar la vida de los demás. Lo dejé porque me casé y porque me fui a Nestlé. Recuerdo que la primera pizarra fue un trozo de madera pintado con alquitrán por un carpintero cordobés, un tal Curro. -¿Su primer destino con Nestlé? -Mi primera expatriación fue para venirme a Gerona. La única vez que he trabajado en España. Mi hija Lidia tenía un mes. Vivíamos en la plaza de la Independencia. Gerona era la media exacta, hasta geográfica, entre Suiza y Andalucía. Fui para hacer una planta de descafeinados. -¿Y de Gerona al mundo? -En New Jersey fui a la mayor planta de café del mundo. En Japón, viví dos etapas. La primera, sin internet, del 88 al 93, creó lazos indestructibles con mi mujer. La segunda, de 2003 a 2007, la asocio con una canción de No me pises que llevo chanclas que bromeaba con lo lejos que estaba Japón. Lo que es el fin del mundo es Australia. Es tan bonito porque está tan lejos. -¿Malasia, su etapa más exótica? -Es un mercado muy interesante para Nestlé. En Kuala Lumpur el presidente malayo me nombró consejero. Tenemos que fijarnos en ellos. Vienen pisando fuerte. -¿Sus hijas volvieron? -Una sí, la otra no. Mari Carmen, la mayor, estudió Psicología en la Complutense y está en Madrid en Recursos Humanos de Ferrovial. Lucía, desde muy pequeña, es una apasionada del cine. Cuando terminó los estudios en Suiza, se fue a Boston y se diplomó en dirección de cine y escritura cinematográfica. Trabaja en una productora londinense que se llama Matador. Acaba de regresar de Cannes. Me dijo que estuvo tan liada que ni vio a Almodóvar. -¿Y la crisis? -Se va a llevar una decepción. Nestlé no está en crisis, pero Nestlé sabe que hay una crisis. Tenemos que adaptar nuestra lucha y proyectos para que nuestros consumidores y clientes sigan adelante. Son tiempos para gente con entusiasmo y con ganas. -¿Tiene fecha de regreso? -Tengo casa en Simón Verde a la que vengo siempre que puedo. No puedo coger las vacaciones que cogía antes. Faltar de mi despacho una semana se convierte en un problema, porque los negocios no se paran una semana. -¿Cómo se llevan Bormujos y la globalización? -Muy bien. Tuve mucha suerte con mi mujer. Que uno tenga al otro como único apoyo. Y una familia muy bonita de cuñados y sobrinos. De un suegro que come con mosto cuando es temporada. |